Autor: José Iván Suárez

El verano de 2018 quedará marcado en la historia de Elche de la Sierra. La celebración del Congreso Internacional de Arte Efímero es uno de esos hitos que quedan en la memoria de un pueblo. Artistas hindús, alfombristas mexicanos, artesanos europeos y unos budistas nepalíes que asombraron a todos con la precisión y minuciosidad en la elaboración de su obra. Esta aventura increíble situó a Elche de la Sierra como destino turístico a la vanguardia del arte popular. La originalidad y calidad de las Alfombras de Serrín se ha convertido, después de más de medio siglo, en el reclamo turístico más innovador del pueblo. Un plus que se suma a los tradicionales encierros, a la oferta deportiva, de ocio y gastronómica y a un paisaje inolvidable que cada vez más personas quieren descubrir.

Sin embargo, hace más de un siglo, el turismo rural era una suerte de aventura solo para unos pocos. Tal vez inspirados por los viajeros británicos y franceses del siglo XIX, algunos intelectuales españoles comenzaron a recorrer la geografía de la península ibérica en busca de aquellos rincones románticos. Sus crónicas se publicaron en la prensa a principios de 1900 y gracias a la hemeroteca, conocemos las primeras descripciones turísticas sobre Elche de la Sierra en un tiempo en el que apenas existían un par de posadas y tabernas. En uno de estos primeros artículos, este detalle: “Elche de la Sierra, el antiguo Chocico de pastores y ganaderos, casona vetusta que ha llegado a transformarse en aldea y luego en villa, y ha conquistado su personalidad municipal”. El autor describía a la Sierra de Segura de “naturaleza bravía, paz y poesía”. Los periódicos y revistas de esta época comenzaron a dedicar parte de sus páginas a esos lectores capaces de desplazarse en los primeros automóviles por una España todavía envuelta en aromas medievales.

Lo pintoresco llamaba la atención. Uno de los primeros viajeros profesionales que llegó a Elche, fue Rodrigo Amador de los Ríos, director del Museo Arqueológico Nacional, que entre los años 1911 y 1912 estaba preparando su catálogo de monumentos. Dejó escrito: “Agazapados en los repliegues y ondulaciones de la sierra, invisibles desde el sendero por donde caminaba que han practicado durante siglos las caballerías a través de aquellas abruptas soledades, quedaban los dos pequeños burgos de Villares y Vicorto, el primero con el sugestivo nombre que parece ser memoria de remotas edades y el segundo insignificante, pero del cual decía en 1578 la Relación Topográfica de Letur que se tenía por cierto que fue de moros y los dejaron y se fueron huyendo al reino de Granada porque les venían ganando los cristianos”. Y abriéndose paso por las montañas se presentaba el Segura, aún sin puente y recorrido, como desde hace cientos de años, por barqueros, entre “multitud de adelfas de verdes hojas y rosadas flores abundosas”.

O este otro retrato con palabras de 1924, publicado en la revista Centauro: “El pueblo bonito de nombre sonoro que tiene aromas de tomillo y romero como una copla serrana. Está lleno de sencillez y poesía, como dormido en la falda de un cerro, entre el verde azulado de sus olivares y el verde esmeralda de sus huertos floridos”. Se contaba también en el artículo que “destaca su caserío blanco como un bando de palomas”. Elche de la Sierra tenía entonces prósperas industrias de cáñamo y esparto y “una tierra blanca, muy apropósito para blanquear edificios y sobre todo para lustrar metales”. Elche de la Sierra, “tan pulcro, limpio y cuidado como una mocita en fiesta”, escribía el redactor, E. González, hace casi 100 años.

Descripciones primigenias que abrieron la puerta de Elche de la Sierra al turismo. Hacia los años veinte y treinta del pasado siglo, se publicaron las guías provinciales, se crearon postales con imágenes de la localidad y se mejoraron las comunicaciones por carretera. Un camino lento pero seguro hacia la modernidad del “veraneo”. En 1949, el famoso escritor Azorín citó a Elche en un artículo del diario ABC. Otro conocido autor, Manuel Vázquez Montalbán, unas décadas después, también se acordará del pueblo. El periodista y creador de la serie de novelas protagonizadas por el detective Pepe Carvalho fue además un gran viajero e inmortalizó sus vivencias en varios libros. En otro de sus textos, “La Cocina de la Harina y el Cordero”, relató lo siguiente sobre la festividad patronal elcheña: “los concejales de Elche de la Sierra recorren las calles solicitando ayuda para costear los rollos de San Blas, que se bendicen al finalizar la misa y después se reparten por las casas”.

Antes de que Montalbán contara esto, España se había convertido en un destino turístico para millones de personas. Los años sesenta fueron el arranque de una actividad que se ha prolongado hasta nuestros días. Por entonces, se acometió una obra que cambiará la fisonomía de Elche de la Sierra; la construcción de la Gran Vía que unió dos zonas fundamentales, la Bolea y la Placeta. El municipio obtuvo un premio de embellecimiento por esta importante reforma. También en esta década, Francisco Carcelén y unos amigos organizaron la primera noche de Alfombras de Serrín. Hoy ya es Fiesta de Interés Turístico Nacional y Bien de Interés Cultural. Desde el principio, el arte alfombrista despertó la curiosidad de los medios de comunicación. En una de las primeras noticias publicadas ya se contaba hace cincuenta años: “montañas de viruta de todos los colores, que en la mañana aparecerán transformados por las plazas y las calles”. Después llegó la democracia, el progreso económico y social, la libertad y una conciencia decidida por el turismo. Hogaño, Elche de la Sierra es puro pueblo de aventura en pleno corazón de la Sierra.