Autor: Jose Luis Simón

Son muchos los pueblos de España que a las afueras de la población, en el límite del caserío con el campo y junto a los caminos que llevan o salen de la población, en función de la dirección del viajero, han conservado lo que se conoce como “cruces de término o peirones”. Se trata de cruces de piedra situadas sobre un pilar que a su vez encaja en un basamento formado por dos o tres gradas de escalones. La cruz puede ser lisa o tallada, normalmente con un Cristo crucificado por un lado y la Virgen por el opuesto. En ocasiones se han protegido bajo un baldaquino, por lo que se les conoce como “cruz cubierta” o humilladero. Quizás la mejor conocida en nuestras tierras es la Cruz de Albacete, conservada en el Museo Provincial. Su función parece estar relacionada con cuestiones de piedad religiosa, límites de la jurisdicción local y creencias antropológicas relacionadas con la protección de la población contra todo tipo de males.

No existieron, o no se han conservado en los pueblos de la sierra, pero en la población de Elche de la Sierra se conservan unas lápidas con una cruz grabada, emplazadas junto a las carreteras y caminos, que todo parece indicar que tuvieron una significación similar. Se han catalogado cuatro de estas lápidas con cruces, realizadas en piedra caliza, de forma rectangular con la parte superior semicircular, labrada por una sola cara, estando el resto simplemente desbastado. En su cara principal poseen una cruz lisa, de extremos abiertos, dispuesta en el interior de un marco resaltado, sobre una base triangular a modo de representación esquemática de la colina del Gólgota. Este tipo de cruces es muy habitual encontrarlas en las jambas de iglesias y ermitas, puertas de casas particulares, cementerios y lugares en los que se quería invocar la protección divina de males habituales en la época como el cólera, la peste, el tifus, la gripe o la difteria, que causaban grandes estragos entre la población, o conflictos bélicos, como los acontecidos a los largo del siglo XIX como la Guerra de la Independencia, las dos Guerras Carlistas, los bandoleros o las revueltas populares. En la base de la lápida poseen una o varias inscripciones, que hace referencia a una determinada advocación.

En el camino que por el Sur de la población se dirige hacia el Arroyo de la Anchura, junto al antiguo solar del castillo, se encuentra actualmente empotrada en el nuevo muro de contención de la depuradora la Cruz de Nuestra Señora de la Asunción. De las cuatro es quizás la que se encuentran en un mejor estado de conservación y muestra el cuidado y la mano experta del cantero que la labró.
En dirección Norte, junto a la carretera que lleva hacia Ayna se encuentra la Cruz del Derramadero o de Jesús de Medinaceli. Tiene el mismo tamaño y forma que la anterior, si bien la piedra ha tomado una coloración más oscura por su orientación y el crecimiento de musgo y líquenes. Se encuentra sobre una peana de cemento y presenta una inscripción en la base de la cruz, de al menos cuatro líneas, otra en el borde del marco y varias superpuestas en la cara posterior, que sería necesario estudiar tras la oportuna restauración y limpieza de la pieza.
La tercera se emplaza junto a la carretera que conduce hacia Férez, con las mismas características que las anteriores, con la inscripción en la base de Cruz de San Juan, dispuesta en dos líneas. Las obras de ampliación de la carretera la han desplazado del punto original, pero no parece que esté muy lejos se su lugar primigenio. Finalmente la cuarta lápida con cruz es la que peor se ha conservado, estando partida en dos trozos, unidos posteriormente con cemento, emplazada en el talud de la carretera de Férez y a mayor distancia de la población que el resto, por lo que todo parece apuntar a que ha sido desplazada de su lugar original. En su base aparece la inscripción de Cruz de las Ánimas. Presenta una labra mas tosca, o el bloque original ha sido reducido, dándole un aspecto paralepipedo, pues no conserva la forma de las otras cruces, desapareciendo el borde y la parte superior curvada. La cruz posee la base triangular, pero los brazos no terminan de forma abierta como las otras. Puede ser que dichas diferencias se deban a que fueron labradas por diferentes canteros o en momentos diferentes, si bien la tipología de las letras es similar.

Como recoge el periodista Jose Iván Suárez, cuenta la leyenda que se realizaron para proteger de males como las epidemias y guerras del siglo XIX, recurriendo a viejas creencias medievales de proteger la población con uno de los símbolos más sagrados del cristianismo, la Cruz, hecho que en lo básico no debe de alejarse de su función atávica.
Por la tipología de la letra todo apunta a que se realizaron en algún momento del siglo XIX, pudiendo quedar resuelta la cuestión con el estudio de la Cruz del Derramadero. Lo cierto es que se trata de unos bienes muy singulares y exclusivos en el ámbito de la Sierra del Segura, que merecen la máxima protección para su conservación, estudio y difusión.